La Historia sobre los bolsos de Fique

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Introducción

Las mujeres campesinas de Curití, Santander, soñaban con dar un futuro mejor a sus familias, a través de sus productos artesanales hechos a mano.

Estas trabajadoras mujeres durante años se dedicaron a la elaboración de sacos de Fique (fibra de agave) y con el tiempo comenzaron a tejer sacos, darles forma y pintarlos con anilinas y tintes naturales. Ahora, unen sus conocimientos y se apoyan entre sí para poder hacer una marca que llegue a todas partes del mundo.

El inicio

Las madres campesinas de Curití, vereda el Arenal en el departamento de Santander, decidieron un día hacer algo diferente con todo lo que habían aprendido sobre la elaboración de costales de fique, y así comenzaron a fabricar nuevos productos con ellos.

Los tradicionales costales, años atrás fuente de ingreso importante para las familias, habían dejado de mostrar sus rendimientos. El uso tradicional de la penca de maguey ya no era un negocio confiable del cual podían vivir, y la crisis parecía oscurecer cada vez más el panorama. Entonces surgió, destellando como una luz en medio de esta oscura necesidad, una iniciativa liderada por las nobles y sabias mujeres campesinas.

La idea

Su propósito fue iniciar un negocio, un emprendimiento de madres cabeza de familias campesinas que les permitieran poner en práctica lo aprendido durante años y años de trabajo, sin dejar de lado esta hermosa tradición, antes bien integrándose y mezclandola con un estilo nuevo, diferente a lo acostumbrado en aquellos parajes, con el cual mostrarle a Colombia y al mundo que estaban ahí, presentes y orgullosas, herederas de una tradición que no muere ni se marchita.

Poco a poco comenzaron a reunirse los fines de semana y en las tardes, en sus ratos libres, en las pocas horas que les quedaban, solo después de terminar sus múltiples ocupaciones diarias, después de dedicarse a la tierra, a los cultivos, a los hijos y a los quehaceres. Tejer pasó de ser casi una obligación para convertirse en una inspiración y en un bello sueño en común.

Libres de vanidades, egoísmos y pretensiones, con la alegría, tranquilidad y bondad natural de las madres, con la sencillez y dedicación propia de los nobles campesinos quienes han cuidado y trabajado la tierra y saben esperar de ella, este grupo de mujeres comenzó a intercambiar sus saberes, sus experiencias, sus errores, sus desaciertos, sus gustos e ideas, probando y tejiendo poco a poco, una hebra a la vez.

Estas reuniones entre amigas y comadres, ente expertas matronas y jóvenes aprendices, se volvió un experimento, un taller, una escuela y un laboratorio. Como si fueran alquimistas, comenzaron a mezclar ingredientes, tintes, anilinas y colorantes naturales en busca de nuevas tonalidades, a probar nuevas técnicas, a pintar y a teñir, a cortar, a cambiar de puntadas, a fraguar diseños y tamaños. Todo esto sin perder la alegría, riendo desparpajadas entre chistes y chanzas, intercambiando historias, recetas o consejos, y hablando sobre las consabidas noticias del pueblo.

El resultado

Como sus productos, tras de mucho tiempo de dedicación y esfuerzo, las cosas han cogido cierta forma. Las continúa impulsado el humilde deseo, presente en sus manos y en sus corazones, de transmitir, de enseñar, de crear, de ser reconocidas y apreciadas por lo que hacen, pero sobre todo, el deseo de poder ofrecerle a sus familias lo mejor de sí mismas.

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